Enero 2006
Las impresoras son, dentro de una
empresa, la parte de infraestructuras a la que probablemente
menos atención se le dedica. Y sin duda es el peor servicio
que los departamentos de IT proporcionan a sus usuarios. Suele
darse como razón que los gastos implicados son menores que el
resto de la informática y microinformática de la empresa, y en
el fondo se está de acuerdo en que además un mayor control de
estos dispositivos y de estos servicios implicaría demasiados
recursos. Se supone más rentable negociar el pago por uso de
las carísimas torres de discos, o elegir correctamente el
software de monitorización de red, por ejemplo.
Pero
realmente el gasto en impresoras no es en absoluto
despreciable; centrándonos en las impresoras laser, en las que
se concentra la mayor parte del gasto, las casi 300.000
unidades vendidas en España durante el 2005 implican un gasto
no menor a 60 mill. de euros.
Nuestra experiencia en el
sector nos permite afirmar que, además de este gasto, que
quizá sea el único medianamente controlado, cada año una
impresora monocromo requiere consumibles, piezas e
intervenciones técnicas por un importe igual a su valor, y del
doble de su valor cada impresora color.
Por lo tanto,
durante los tres primeros años de vida de las 300.000 unidades
vendidas en 2005 (período razonable para afrontar las
renovaciones tecnológicas), se generarán unos gastos
superiores a los 200 mill. de euros. Las unidades vendidas en
años anteriores posiblemente generen gastos superiores, por la
velocidad con la que la tecnología ha permitido reducir costes
de impresoras y consumibles. Las unidades vendidas durante
2006 implicarán gastos aún mayores con total seguridad, puesto
que las impresoras cuyas ventas más han crecido y más van a
crecer son las color.
Para hacer estos cálculos se ha
tenido en cuenta que, tal como observamos en nuestra constante
monitorización de equipos de impresión por toda europa, la
carga de trabajo que se da a las impresoras está muy por
debajo de las recomendaciones de sus fabricantes, por lo que
hay que tener en cuenta que una impresora utilizada
exhaustivamente daría unas cifras de gasto aún mayores.
Pero estos gastos posiblemente sean inevitables, y
quizá, como hemos mencionado arriba, analizar si las compras,
los modelos, los fabricantes, los tipos de consumibles, los
contratos de mantenimiento... son los más oportunos o no, es
una investigación compleja y por tanto cara, ya que
generalmente cada uno de los grupos de gastos pertenecen a
departamentos diferentes, con distintos responsables, modelos
de compra diversos, proveedores no comunes, formas de pago
variopintas...
La verdadera preocupación de las
empresas no debería por tanto ser únicamente controlar este
gasto tan elevado sino pensar si, además, hay otros gastos
adicionales, indirectos u ocultos, porque la respuesta va a
ser un gran "sí".
Nuestros servicios de consultoría
han demostrado en múltiples ocasiones que puede costar más
dinero mantener un stock de consumibles que comprar varias
impresoras; que se puede gastar más en gestionar las llamadas
de usuarios por falta de consumibles que en comprarlos; que se
suele malgastar más al elegir una impresora de un modelo
incorrecto que el coste de adquisición de la correcta; que se
gasta más tiempo en negociar el precio de la impresora que el
de los consumibles y mantenimientos, donde está la mayor parte
del gasto real; que es casi siempre más caro mantener una
impresora de 5 años que cambiarla por una nueva; que se
incurre en grandes sobrecostes cargando a una impresora
pequeña con demasiado trabajo en lugar de adquirir más y
repartir el volumen de impresión; que es más caro intentar
ahorrar con consumibles rellenados que no hacerlo; que puede
costar más ahorrarse los contratos de mantenimiento que
contratarlos... y un largo etcétera.
Hacer estas
cuentas correctamente, aplicadas a la situación real de cada
empresa no es fácil, y es menos fácil aún que una vez hecho
este análisis se pueda cambiar el sistema de adquisición o
contratación de cada una de las partes implicadas en la
empresa.
Es por tanto inteligente y rentable
plantearse la subcontratación, la externalización o el
outsourcing de los servicios de impresión para que empresas
especializadas se hagan cargo (sin renunciar a mantener las
impresoras en las propias instalaciones ni a usarlas en el
modo y momento que se desee) de los análisis pertinentes para
la elección del parque multimarca correcto y el control de su
uso, de las permanentes gestiones de logística de consumibles
e incidencias técnicas, de la renovación y actualización del
parque en función de las necesidades de la empresa, de las
impresoras existentes en el mercado y de la evolución de los
precios de los consumibles y los mantenimientos...
Todos
estos servicios deben estar centrados, además, en dos
conceptos fundamentales: la monitorización externa (lectura
permanente y remota del estado y necesidades de los
dispositivos) y el pago por uso (comprar los servicios de
impresión a un precio por página que incluya todo, y pagar en
función de lo que realmente se usan las impresoras), único
modo de quedarse realmente tranquilo de que lo que se paga por
imprimir y las gestiones necesarias para poder imprimir, está
todo realmente controlado.
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